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Descifrando el bosque: La transición entre la lluvia y las nubes

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Existe más de un tipo de bosque tropical – no todos son la selvática visión amazónica de ríos navegables y bosques donde las bases de sus enormes árboles se inundan. Hay bosques tropicales en las montañas, donde el aire todavía llega desde el páramo y besa las ráfagas calientes de las tierras bajas; bosques que extienden sus habitadas ramas y se purifican con el rocío que cargan las nubes. Bosques que no son de tierras altas, ni de tierras bajas y en la transición mezclan a sus habitantes en un popurrí de biodiversidad. Los bosques del Mashpi se encuentran en esta disyuntiva entre lo alto y lo bajo, un eterno vaivén entre condensación de nubes, razón que lo convierten en un lugar único.

Los bosques de Mashpi, parte de la preciosa bioregión del Chocó, se encuentran entre los 550 y los 1400 metros sobre el nivel del mar, en el flanco occidental de los gloriosos Andes. Esta ubicación, un balcón sobre la selva con techo andino, es la clave de su singularidad. A esta altura hay una transición entre los bosques “siempre-verdes de tierras bajas” y los bosques “siempre-verdes de tierras altas” o montanos. Técnicamente, esta transición entre ecosistemas se conoce como un ecotono y Mashpi ha sido bendecido con especies que habitan ambos bosques, pero además con rarezas que no se encuentran ni en el uno, ni en el otro; una cuna para especies endémicas, criaturas que no se ven en ningún otro lado. La posición de estos bosques en los primeros escalones de la montaña los convierten en cunas de ríos; en lugares de climas combinados y perfectos; y la suma de todas estas características físicas en coloridas mariposas, ranas, bromelias y otras criaturas singulares.

La geografía de la zona de Mashpi es bastante accidentada. Donde está la reserva, en particular, existe un desnivel de alrededor de 800m, pero no es un desnivel continuo y homogéneo, se trata de una escalada interrumpida por quebradas, lomas, y quebradas otra vez; pequeñas y grandes lomas cortadas por venas donde corre la enorme cantidad de agua que los bosques son capaces de capturar. Este tipo de relieve, lomas inclinadas hasta 45 grados en el flanco occidental de los Andes, montañas sobre montañas, son la puerta de bienvenida de los vientos que viajan por el Pacífico, constantemente abatidas por las nubes que nacen de las aguas cálidas del mar. No todos pueden sobrevivir este pronunciamiento de pendientes y desnivel; las especies de a 500 metros son otras que las de a 1400, y en el medio hay una gama variada y entreverada. Esta es quizás la característica más significativa del Mashpi, es una reserva de vida, de selva tropical, en las montañas.

Las montañas tienen una fuerza especial, siempre han sido admiradas por los imponentes paisajes que pintan y además veneradas como dioses. En el flanco occidental de los Andes en Mashpi, las montañas se estiran hacia el cielo, y son vislumbradas por los transeúntes que circulan en la “Libélula”, mostrando su fuerza cubierta de musgo. Pero hay otra fuerza que trabaja en las montañas, atrapando en las entrañas del monte a cualquiera que pise en falso. En estas pendientes, un juego eterno se lleva a cabo, una caricia al suelo entre el líquido vital y la montaña, pues es aquí la cuna de ríos y lluvia. La inevitable gravedad es esa fuerza que atrapa cada gota de agua que cae y la obliga a correr en un eterno apuro. En Mashpi nacen ríos y la montaña tiene ojos, ojos de donde brota toda el agua que los árboles, plantas y musgo han podido atrapar. En la parte alta de la reserva, en los bosques de tierras altas, hay más presencia de musgos y epífitas, esponjas para atrapar agua y proveerla de a poco a la montaña. A medida que desciende la altura, esa agua brota de los ojos, fuentes frías de vida, y así inicia el caminar de un río, lleno de piedras y rodeado por ranas. Descendiendo aún más, muchos ojos han proveído de su fuente, formando ríos un poco más grandes, pero todavía esteros, y rápidos, con cascadas y pozas frescas, visitadas por las nutrias y las guatusas, muchos insectos y macro-invertebrados, y recorridos incluso a contracorriente por la “preñadillas” – peces autóctonos andinos. De estos esteros hay muchos en Mashpi, tantos que hay unos que corren montaña abajo sin ser bautizados todavía. Finalmente, abajo, en el bosque cálido de tierras bajas, todas estas venas se juntan, formando ríos grandes de aguas rápidas como el río Mashpi o el río Pachijal. Es un gran trayecto para el agua, cada gota que ha recorrido la montaña, desde que golpeó una bromelia en la altura hasta que llegó al Pachijal, fue testigo de la presencia de miles de especies de plantas, anfibios, reptiles, aves, insectos, hongos, mamíferos y peces, todos muy diferentes entre sí.

El relieve, el desnivel, los vientos y las nubes, la humedad y los ríos son claves para el clima, y este descender de lomas y quebradas para la creación de microclimas – lugares que poseen distintos climas a pesar de estar en el mismo lugar. La reserva del Mashpi tiene esto; el clima en la parte alta es frío y en la parte baja cálido, incluso caliente en ciertas épocas del año, y en el tramo entre los dos existe un mundo de climas variados que son de gran importancia para los ecosistemas. A nivel del Chocó, la reserva se encuentra en lo que se conoce como una “región muy húmeda subtropical”. Esto significa que el clima es perfecto en cuanto a temperatura, con un promedio de 20 grados Celsius, llegando a 18 cuando frío y 22 cuando caliente; pero eso sí, de mucha lluvia con hasta 3000mm de precipitación anual. Sumado a esto, hay lugares dentro de las quebradas y alrededor de las cascadas donde se densifica la humedad; agua pulverizada y condensación forman un espacio húmedo y cálido, acogedor para las plantas aéreas como las orquídeas y bromelias, y toda la fauna asociada a ellas como ranas, colibríes, abejas y mucho más. En la parte alta, el frío llama a mucha variedad de aves, lo hace el mejor lugar para pajarear y también, durante la noche para observar especies claves de ranas, como las famosas ranitas de cristal. En la parte baja se pueden ver especies de árboles grandes, de troncos robustos, que por su peso no serían aguantados por la montaña y una variedad de escurridizos mamíferos como guantas y guatusas buscando semillas de palmas, y quizás detrás de ellas algún felino. Mashpi tiene buena temperatura y lluvia asegurada; la lluvia como bendición de vida, pues a mayor humedad existe mayor biodiversidad.

La combinación de estos factores físicos, abióticos, como es el relieve y su heterogéneo descenso a tierras bajas, como son los ríos portadores del líquido de la vida, y como es el clima, la temperatura y la humedad, resultan en un ramillete biótico, una explosión de biodiversidad, y específicamente un edén de singularidad, un nido de endemismo. En Mashpi se pueden encontrar muchas especies que son endémicas del Chocó, e incluso endémicas para este particular pináculo entre las nubes, especies que van desde plantas hasta mamíferos grandes. El Chocó es un “punto caliente” de biodiversidad, una condensación de diversidad con altos números de endemismo. A pesar de que ha sido altamente poblado y usado, es un sitio que todavía no se ha estudiado a fondo, en parte por su degradación excesivamente rápida a lo largo de toda la región. Lo que se sabe hasta ahora, es que 25% de sus plantas y alrededor de 13% de sus animales son endémicos.

Específicamente en Mashpi se han encontrado hasta el momento, 35 especies endémicas de aves, entre las que se encuentra el icónico pájaro paraguas (Cephalopterus penduliger), el cual puede ser observado desde la terraza de Masphi Lodge, o en pleno apareamiento en uno de los “leks” que se encuentran en la reserva. Otra ave endémica que fácilmente puede ser observada desde la torre de observación, la bicicleta, o la Libélula, es el colorido tucán del Chocó (Ramphastos brevis), croando entre las ramas, siempre en grupo. En la parte alta de la reserva, donde los colibríes visitan con vehemencia los bebederos de agua dulce, sin duda se puede observar al silfo colivioleta (Aglaiocercus coelestis), con su preciosa cola larga de azul y violeta tornasol.

Entre los mamíferos, también hay especies endémicas, un poco más difíciles de ver, pero presentes al menos 7 especies, donde se destacan los roedores. Históricamente, la zona del Mashpi era hogar del críticamente amenazado mono araña de la costa o mono araña de cabeza marrón (Ateles fusciceps). Este endémico es sumamente difícil de ver, y sus registros son muy pocos dado su grave estado de conservación. Sin embargo, la reserva ofrece un cobijo de hábitat perfecto, sin fragmentación, con la esperanza de que se recupere para poder observarlo colgando de su larga cola cerca del Lodge.

Al hablar de especies endémicas no se puede excluir a los anfibios, ya que llegan a tener mas o menos el 60% de sus especies como endémicas del Chocó ecuatoriano. No se sabe realmente cuántas especies hay, ya que aún se descubren endémicas con bastante frecuencia, como es el caso del último descubrimiento de la rana torrentícola Mashpi (Hyloscirtus mashpi), cuyo nombre honra a este lugar donde fue estudiada para establecer que se trata de una nueva especie. El Mashpi también abriga a varias especies endémicas de ranas arlequín, muchas en grave amenaza de extinción. Un ejemplo es el arlequín de Mindo (Atelopus mindoensis), un anfibio diurno y de un color verde muy llamativo y vetas rojizas. Especies endémicas de sapos incluyen al sapo de puntos azules (Rhaebo caeruleostictus), un ejemplar manchado de azul, único y también amenazado. Finalmente, Mashpi es hogar de por lo menos 8 especies endémicas de ranitas de cristal, familia (Centrolenidae) especialmente llamativa por poseer cuerpos transparentes, dejando visible como a través de un cristal el latir de sus corazones; y también de algunas especies endémicas de ranas arbóreas y de cutines.

No se puede hablar de endemismo y no tocar la botánica. Al igual que en el reino animal, los niveles de endemismo de plantas en la región son altas, con un cuarto del total. Un ejemplo, imposible de no mencionar, es la Magnolia (Magnolia mashpi), especie descubierta en el Mashpi desde la “Libelula”. Esta especie pertenece a un género autóctono del Chocó únicamente.

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