El Gallito de la Peña: El más galán de todos

La selva tiene escondites, tesoros entre la espesura vegetal, nichos especiales entre las quebradas escarpadas y peñas sobre los ríos; el lugar de encuentro para una especie de cotinga, única de los Andes, donde entre el eterno verde saltan manchas chillonas de rojo intenso,  en el lugar de cortejo del Gallito de la Peña (Rupicola peruviana).

Las cotingas son una gran familia – Cotingidae – compuesta por una enorme diversidad de formas, colores y especialmente tamaños. Se cree que de todas las aves que se perchan – orden Passeriforme – las cotingas son la familia que está mejor representada en tamaños de cuerpo, con especies haciéndose presentes en todos lo niveles. Esta familia es exclusiva de Centro y Sudamérica con más de 60 especies, las cuales son de un inmenso interés para los pajareros por sus bellísimos colores y formas, pero además porque significan un reto de exploración y camuflaje para poder encontrarlas y observarlas. El gallo de la peña se encuentra entre estos retos.

Esta especie, distribuida desde Venezuela hasta Bolivia en los flancos de los Andes, entre los 500 y 2400 metros sobre el nivel del mar, se caracteriza por tener un marcado dimorfismo sexual y por frecuentar, de forma muy alharaquienta, leks para encontrar pareja. Esto quiere decir que hay grandes diferencias físicas entre machos y hembras, siendo lo machos pomposamente adornados de crestas y de color rojo intenso, increíblemente llamativo, fuego entre el profundo verde; las hembras en cambio tienen un color café más apagado y la cresta más pequeña. Los leks son los lugares donde los machos se reúnen en grupos, en sitios muy vistosos, para lucirse, como una especie de pasarela, y que las hembras los puedan observar y escoger al más chillón, tanto en color y movimiento, como en cantos, para ser su pareja. Todavía no se sabe bien cuál es el beneficio de buscar pareja así, existen muchas hipótesis, al lucirse de manera tan notoria corren el riesgo de llamar la atención de sus depredadores y morir en el intento de atraer a una hembra, pero el hecho es que poder observarlos en los leks, bajo un escondite camuflado para no espantarlos, es un verdadero regalo de la naturaleza.

Estas grades cotingas, con más de 30cm de longitud de cuerpo, se alimentan de frutos e insectos, también hay reportes raros donde se los ha observado comiendo pequeños ratones. Anidan en empinadas peñas, usualmente sobre ríos, escondiendo lo más posible, entre huecos, rocas y cuevas, sus nidos de lodo y saliva. Solamente las hembras empollan los huevos y cuidan de las crías; los machos ponen toda su energía en su hermoso plumaje y en sus complejos bailes y cantos de cortejo para persuadir a la mayor cantidad de hembras; una vez que se han apareado con una gallita que cayó en sus encantos, vuelven al lek para atraer a otra. A pesar de que en los leks son tan llamativos, fuera de ellos son extremadamente tímidos y se encuentran ocultos dentro del bosque e incluso en el suelo. Son famosos y muy populares para el aviturismo, pero aun así mucho de su ecología y comportamiento se desconoce ya que por su timidez fuera de los leks y poco territorialismo no es fácil estudiarlos.

La reserva de Mashpi, como no podía ser de otra manera, también es el hogar para esta hermosa especie. No es fácil de ver. Lograrlo es la gran recompensa para quienes se aventuren a madrugar cuando todavía no se vislumbra el amanecer en el horizonte, caminar a oscuras entre barrancos lodosos y grandes quebradas durante horas y mantener un paciente silencio hasta que reluzcan las manchas rojas en el cielo verde del bosque.

Leave Comment

Scroll Up