Fernando Timpe: De maderera a santuario natural

Fernando Timpe ha recorrido palmo a palmo la reserva de Mashpi, donde está emplazado Mashpi Lodge y fue parte de su historia desde antes de que su promotor, Roque Sevilla haya pensado construir un hotel en esas tierras. Es más, pensar en levantar un hotel en semejante adversidad de condiciones habría parecido una idea descabellada.

Fernando conoce cada sendero, cada una de las numerosas cascadas, ríos y riachuelos, distingue claramente los linderos de las 1300 hectáreas de geografía quebrada de la Reserva privada Mashpi, donde existe solamente una plataforma plana, la misma que servía para operar el molino de madera cuando ese tupido bosque era una mina para talar árboles centenarios. Su familiaridad con la zona se explica porque tiene una propiedad vecina y ha trabajado en el area algunas dècadas, primero para una empresa maderera, abriendo caminos y haciendo logística para actividades extractivas, hoy en actividades ganaderas. Es además el encargado del manejo de la reserva de Mashpi, las relaciones con los vecinos, y el cuidado de que las actividades extractivas se mantengan lejos de este último gran reducto de bosque nublado que tiene el país.

En el año 1997, cuando Fernando conoció que estaba de venta una gran extensión de bosque donde se instaló una empresa maderera que no tuvo éxito, quiso resarcir el daño causado a esa zona del Noroccidente de la Provincia de Pichincha y contactó a las autoridades del Consejo Provincial, el Municipio y el Ministerio de Ambiente para motivarles a que declaren el área como zona de protección dada su inmensa riqueza biológica. No dio resultado. En el Municipio ni siquiera sabìan que eso era territorio del Distrito Metropolitano, dice.  Nadie querìa comprometerse a conservar esas tierras que son los pulmones de Quito, dice.

De ahì se extraía copal, sande, sangre de gallina, caoba, characapoco, que salìa por el rìo Mashpi, nos cuenta con el dolor de quien ha visto morir al bosque.

Los habitantes de la zona -acostumbrados a la abundancia que provee el bosque nublado, encontraban en la tala su fuente de ingresos, ya sea al vender la madera o convirtiendo el bosque en pastizales-. Vivían de la caza y pesca pues habìa abundancia de especies. Y el bosque iba desapareciendo.

Despechado por la nula respuesta de las autoridades, Fernando acudió a Fundaciòn Natura cuando Roque Sevilla estaba terminando su mandato de Presidente,  asì que su pedido de que proteger ese bosque comprando las tierras caló en el visionario empresario y conservacionista quiteño.  Roque tenía el mismo sueño: comprar tierras para proteger la riquísima biodiversidad en el último reducto del gran ecosistema del Chocó que existe en Ecuador. El 95% de este ecosistema ha sido destruido,  por lo que en su agenda estaba preservar lo que se había salvado de la destrucción.

Hoy la reserva de Mashpi forma parte de una de las dos grandes Areas de Conservaciòn y Uso Sustentable (ACUS) declardas por el Municipio de Quito, para protegerlas. Aquí Fernando  y el equipo científico de Mashpi Lodge han constatado la existencia de pumas, jaguares, cientos de especies de aves, zainos, tigrillos, osos perezosos, hormigueros, dantas, guantas, ardillas, incontables variedades de insectos, anfibios. Al último oso de anteojos que vì, lo encontrè muerto de un tiro hace varios años, y también vi a dos tigrillos que murieron en manos de un cazador que sabemos que huyó de la zona hace años.  A pesar de que es una zona legalmente protegida, no està a salvo del hombre y hay quienes se dedican a actividades no amigables con el ecosistema y lo agreden y destruyen. Sigue siendo un área vulnerable y que exige control permanente, aunque la tala ha disminuido drásticamente.

En el año 1999 y con la decisión de Roque Sevilla de comprar las tierras y constituir la Reserva empezaron a recorrerlas y a comunicar que el objetivo era no talar, no hacer agricultura, dejarlas como bosque.  Eso no sonaba lógico a quienes habían vivido en el mismo lugar talando para tener una fuente de ingreso. En el año 2002 se escrituró a la propiedad como Reserva Mashpi y en el 2004 el Ministerio de Ambiente aprobó el plan de manejo de la misma.

 Sin embargo, a pesar de tener la propiedad legal, las tierras eran apetecidas por invasores y mafias dedicadas a actividades extractivas ilegales. Personajes dedicados al tráfico de tierras invadieron Mashpi. Eso fue cosa muy seria.  Era gente peligrosa, armada, que quería hacer daño deliberadamente.  Fueron años de juicios, abogados, tribunales, hasta que un buen Fiscal de Ambiente que fue citado por los invasores para que fallara a su favor y quedarse con las tierras,  falló a favor de los propietarios de la Reserva, recuerda Fernando.

Quienes pretendían adjudicarse las tierras con el argumento de que allí habían vivido desde sus ancestros, se perdieron en el bosque cuando hubo que recorrerlo en una inspección judicial.   Fernando Timpe y José Napa, poblador de la zona desde niño y quien tenía su vivienda en la recién adquirida propiedad tuvieron que guiarles para que encuentren la salida del espeso bosque.

Donde hoy está emplazado el hotel había una trocha que había hecho una empresa maderera y una planada con un galpón. Allí armábamos nuestras carpas y trabajábamos recorriendo y linderando. Ese pequeño campamento fue destruido alguna vez por los invasores pero como teníamos los documentos legales que acreditaban la propiedad de la tierra llamábamos a las fuerzas policiales para desalojar a estas personas que eran alrededor de treinta. Finalmente superamos esta amenaza y la construcción del hotel se inició en el 2006. En el Plan de Manejo de la Reserva ya constaba una actividad hotelera sustentable en un pequeño espacio de las 1300 hectáreas de bosque. Incorporamos bastante personal de las comunidades vecinas. El mandato que recibí de Roque fue desarrollar la reserva para contribuir al desarrollo de los recintos vecinos.   

Fernando trabajó también para definir el trazado para el teleférico que se soñaba para que algún día atraviese el bosque en una ruta aérea de dos kilómetros. El hotel terminó de construirse cinco años después, en el 2011,  tras un monumental esfuerzo y varios millones de dólares de inversión. No se taló un solo árbol para construirlo, fue un reto logístico monumental.

En la actualidad la presión por talar ilegalmente ha disminuido. El ruido permanente de las motosierras es cosa del pasado. Las comunidades y pueblos vecinos tienen más conciencia de que el bosque protegido es también una fuente de ingresos. En Mashpi Lodge trabaja el 82% de gente del sector que contribuyen a difundir en sus comunidades el mensaje de que el turismo y la conservación pueden ser una forma de vida.

En relación al hotel todos en el sector quieren involucrarse  de alguna manera. Por ejemplo las plantas artesanales de panela, la cosecha de caña, las artesanías que se producen, el chocolate local son opciones también para el turismo en la zona.

Estamos construyendo un comedor comunitario que donó la Fundación Futuro para el recinto Mashpi que es vecino al hotel. Ellos tienen una poza en el río que es  maravillosa y reciben en feriados muchos visitantes. Tienen una pequeña infraestructura y están conscientes de la importancia de preservar su ecosistema.

Fernando considera que defender este delicado ecosistema y la vida que alberga sigue siendo un desafío, pero está convencido de que su riqueza biológica es un tesoro para el país y para compartir con el mundo.

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