Marc Bery, Gerente General

“Nunca te aburres en Mashpi”

Probablemente aún no conozcas a Marc Bery, pero bien podrías reconocerlo. Bueno… eso sólo si viste el episodio de la serie “Hoteles asombrosos: Vida más allá del Lobby” de la BBC, dedicado a Mashpi Lodge. El administrador de este singular hotel de lujo fue protagonista de ese programa, y fue fundamental al momento de guiar al equipo de producción del reconocido canal ​​británico por el mágico bosque nublado del Ecuador.

Fue todo un proceso, nos cuenta Marc, con 30 horas de entrevistas en Skype, antes, incluso, de que Mashpi fuera elegido para salir en el programa.

“Ellos querían la historia humana, la gente cuya vida fue cambiada por el proyecto. Así que entrevistaron a cada persona por una hora,” nos explica.

Entonces los directores vinieron a Mashpi por 10 días para analizar el lodge de cerca, y después se tuvo que esperar otro ansioso mes para que llegaran, finalmente, las buenas noticias: Mashpi estaba ahora entre los seis mejores hoteles del mundo y millones de personas podrían disfrutar de una mirada exclusiva a este extraordinario proyecto.

Desde que el programa se emitió a principios del año, mucho ha pasado… y a niveles nunca antes imaginados: “El impacto ha sido increíble”, dice Marc.

Dos reacciones han sido particularmente llamativas. La primera: después de revelar que las habitaciones tuvieron que ser pintadas cada 15 días debido a la humedad, Marc recibió dos emails de fabricantes de pintura británicos que ofrecían enviar su pintura para exteriores (¡con garantía de seis años!).

La segunda: durante la emisión, el presentador se queda con Miriam, una de las camareras más queridas de Mashpi. Es una escena emotiva en la que esta madre trabajadora revela la dificultad que tiene para dejar a sus hijos durante 10 días y el sacrificio que implica para ella y su esposo proveer para ellos. Un espectador escribió a Marc preguntando si se podía hacer arreglos para que Miriam pudiese pasar más tiempo con sus hijos. Cuando el gerente explicó que así era como la operación del lodge funcionaba para beneficio de todos, la persona se ofreció a ser el padrino adoptivo de los hijos de Miriam, comprometiéndose a enviarles 50 libras al mes para comprar todo lo que necesiten.

Marc no ha sido siempre el amante de la naturaleza con botas de caucho que ves hoy. Nació en Ciudad de México. Sus padres son franceses. Fue criado en el barrio de Condesa, donde se escolarizó en un liceo francés y se formó en una materia que poco tendría que ver con su vida adulta: la ingeniería industrial. Permaneció en su ciudad natal hasta hace dos décadas, trasladándose a Quito porque su pequeña hija pasaba enferma a causa de la polución.

En Quito, se vinculó rápidamente con el mundo de la hospitalidad, en Hotel Radisson y Tony Romas, antes de dirigirse a las Galápagos para ser administrador de dos yates.

Cuando fue llamado por el ex gerente de Mashpi Lodge, quien le preguntó si estaría interesado en el trabajo, Marc aceptó sin saber nada del extraordinario lugar en el mundo al que se estaba dirigiendo. Poco sabía que implicaría insectos, barro, noches sin dormir y mucha lluvia.

Han pasado dos años. Es verdad, todavía no puede identificar las 400 aves que residen en la reserva, pero ha aprendido de los guías que uno puede reconocerlos no solo por vista, sino por su canción también. Ha salido en busca del Gallo-de-la-Peña, un ave escurridiza que, para encontrarlo, requiere que te levantes horas antes de que salga el sol y vadees hasta las rodillas en fangosos pantanos, para presenciar sus espectaculares rituales de galanteo.

Pero Marc no es ajeno a la madrugada. Su momento preferido del día es temprano en la mañana: se levanta a las 5:45 am para correr 7 km.

“Tienes la niebla que se empieza a desvanecer, los sonidos de los pájaros… Escucho música, pero bajo el volumen lo suficiente para escuchar a los pájaros. Es la mejor manera de comenzar el día,” dice el ex-citadino.

Rituales como estos son importantes cuando se trabaja en el bosque nublado; dada su ubicación remota, los relevos pueden ser agotadores. La temporada más larga sin salir de Mashpi, para Marc, ha sido de 45 días, cuando era nuevo en el hotel y quería “empaparse” del lugar.

“Tienes que ser especial para trabajar en Mashpi,” nos dice. “Sociable, paciente. Necesitas saber en qué te estás metiendo: estás absolutamente rodeado de naturaleza.”

Y no es sólo el aislamiento que pondría a prueba a cualquier gerente hotelero de primer nivel: administrar un lugar como Mashpi es único. No es cualquier hotel. ¡Cuando el fenómeno de El Niño ocurrió hace un año, por ejemplo, Marc tuvo que hacer un plan de contingencia!

“Todo ese musgo se llena de agua, derribando árboles que podrían bloquear los caminos, aplastar al hotel, hacer imposible la entrada y la salida,” explica. Una situación un poco más complicada que las típicas quejas de equipaje perdido.

Pero antes de que El Niño se hubiera convertido en un problema, Marc recuerda un caso en que había llovido durante 52 horas sin descanso. El suelo empapado estaba preparado para deslizamientos de tierra. A las 11.30 de la noche recibió una llamada de uno de los guardias, preguntándole con preocupación si había “oído algo”. Temiendo lo peor, corrió a la casa del personal (situada a unos pasos del hotel) y encontró a todos en fila afuera de la casa en pleno aguacero.

El suelo del otro lado del edificio había caído por un barranco. ¿Terminaría también cayéndose por ese mismo barranco la casa del personal? Al llamar al arquitecto, Marc comprobó que, al igual que el edificio principal del hotel, la casa del personal estaba anclada a la roca. Sin embargo, pasó una noche malísima, preocupado por los empleados, los generadores, el hotel… y cuando finalmente recobró el sueño, soñó, incluso, que había oído otro accidente.

Pero… ¿había sido sólo un sueño?

Por la mañana, caminando por los terrenos para inspeccionar los daños de la noche anterior, vio que todo estaba donde tenía que estar. Salvo que, un poco más allá del lodge, todo un lado de la montaña se había caído al río…

“Nunca te aburres,” sonríe Marc.

En un hotel donde nunca se puede estar seguro de lo que sucederá de un momento a otro, eso es probablemente lo único ‘inevitable’. Eso, y mucha, mucha lluvia.

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