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¡Milpiés! (más o menos)

Ecuador’s cloud forest is home to amazing millipedes

En el bosque hay un ejército de soldados con armaduras resistentes y extensas, el camuflaje perfecto para mimetizarse con el follaje y con patas, ¡muchas patas! Su misión: devorar las infinitas hojas que caen de los árboles, arbustos y plantas.

Los milpiés, que difícilmente llegan a tener esa cantidad de patas, son artrópodos como las arañas (por lo que no se consideran insectos) y pertenecen a la clase de los diplópodos (Diplopoda). Esto significa que tienen dos pares de patas por cada segmento de su cuerpo. En casos extremos pueden llegar a tener 700, pero la mayoría de especies no llegan a las 100. No son gusanos, aunque sean parecidos e incluso cumplan con funciones similares en el ecosistema; la gran diferencia está en las patas que los gusanos carecen.

También se parecen mucho a los ciempiés, pero la diferencia no radica en sus “900” patas más, sino en que los ciempiés pertenecen a la clase de los quilópodos (Chilopoda), que solo tiene un par de extremidades por segmento. Además, los ciempiés poseen apéndices bucales por donde secretan el veneno que utilizan para cazar, ya que son carnívoros; los milpiés, por otro lado, son en su mayoría herbívoros.

Se han identificado alrededor de 12.000 especies de milpiés; sin embargo, quedan muchas más por descubrir puesto que se encuentran distribuidos en prácticamente todo el planeta, con excepción de la Antártida. Los milpiés habitan en una gran variedad de ecosistemas, usualmente se los puede encontrar en bosques y, con mayor abundancia, en los caducifolios; es decir, donde los árboles y plantas desprenden muchas hojas y por lo tanto les proveen de mucho alimento.  Son muy resistentes a condiciones extremas de humedad e incluso hay especies que pueden sobrevivir bajo el agua.

Su función en el ecosistema es muy importante: ¡son los obreros del suelo! Se encargan de descomponer la materia orgánica de modo que, junto con las bacterias y hongos, crean nuevo suelo, nutritivo alimento para las plantas y los árboles. Además son excelentes excavadores, por lo que donde hay milpiés existe una buena oxigenación, movimiento y descomposición de nutrientes del suelo. Además, no solo se alimentan de hojas muertas; también hay especies que ayudan a descomponer otros organismos como insectos y caracoles. Son también fuente de alimento para otras especies del bosque como mamíferos, reptiles, aves, anfibios e incluso insectos.

Por si su cantidad de patas y su increíble capacidad de cavar huecos no fuera lo suficientemente interesante, los milpiés tienen un as más bajo la manga. Su increíble mecanismo de defensa, que supera incluso a su blindada armadura. Los milpiés son químicos especializados que pueden crear y almacenar ciertas sustancias en sus glándulas, con las que se defienden de sus depredadores, a base de las hojas que descomponen. Estas sustancias pueden ser cianuro, terpenos, fenoles ácidos, entre otros; su rango de acción va desde ahuyentar con su mal olor hasta quemar al contacto.

Lo más interesante es que hay especies del bosque que han aprendido sobre esta habilidad química de los milpiés y, por lo tanto, los utilizan de diversas formas, como si fueran sus farmacias personales. Algunas especies de mamíferos, especialmente de monos, han aprendido a utilizarlos como repelentes de mosquitos, frotándose la piel con ellos para espantar a los insectos voladores.

En Mashpi es común observar distintas especies de milpiés, marchando con sus numerosos pares de patas, entre la alfombra de hojas del bosque húmedo. Incluso es posible oler las fuertes sustancias que emanan de su piel si se sienten amenazados.

 

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