Persiguiendo Cascadas

En ningún lugar de la tierra es tan palpable el poder del agua como en Mashpi. Está la niebla que cae sobre el bosque en las mañanas para revelar el verde de debajo. Está la lluvia, a veces casi imperceptible, a veces torrencial como una metralleta, rebotando de las hojas y cayendo al suelo. Están los ríos: el gran río Mashpi, y las docenas de arroyos saliendo y cruzándose la reserva, trayendo vida a todo lo que tocan.

Y luego están las cascadas

Estos increíbles, sagrados seres llegan al oído antes que a la vista con su rugido. Las corrientes vitales te obligan a llevar tu mirada de la burbujeante piscina, 10, 20, 40, 60 metros para arriba, hasta llegar a la fuente, cayendo a través del barranco partido entre las piedras, decorado con los más increíbles verdes y flores tropicales.

Aunque hay menos de 30 cascadas en total alrededor de Mashpi, solo cuatro son accesibles para huéspedes, las otras visibles desde las alturas de La Libélula. Con temperaturas entre 18o y 20o C, bañadas en luz, estas magníficas cascadas te llaman a que te sumerjas en sus piscinas, pararte debajo del chorro que cae como una ducha, o saltar de las rocas hacia lo profundo.

Estos son lugares para meditar, para soñar, para sentirse muy vivo mientras el agua te vigoriza, llenándote de una gentil euforia. Claro que el increíble poder de la naturaleza toma papel en el éxtasis, pero hay otra fuerza involucrada: iones negativos.

Sin olor, sabor, e invisibles para la vista, cuando se absorben en la sangre estas minúsculas partículas desencadenan una reacción bioquímica que estimula la serotonina, hormona relacionada al estado de ánimo, mejorando la depresión, calmando el estrés, y recargando la energía. Estos iones negativos son abundantes alrededor de cascadas, producidos por el golpe del agua contra la piscina abajo.

Para los huéspedes que sienten la atracción magnética de las cascadas, está Copal, una de las más accesibles de las cuatro, en la cual te paras debajo para sentir su poder.

El camino a Magnolia es empinado en partes, con un impresionante mirador más o menos a mitad de camino que ve sobre el bosque, y una celestial piscina para bañarse abajo, con un jacuzzi natural.

Es difícil llegar a la cascada Curadora, pero indiscutiblemente vale la pena el viaje para ver el sol salir a través de las nubes creando rayos celestiales que caen sobre las piedras.

Y Malalimpias, la favorita de los guías, es uno de los senderos más largos y difíciles, pero el esfuerzo viene con recompensa con una de las cascadas más grandes de Mashpi, que cae 60m. Siempre se puede regresar en teleférico.

Hay otra manera de sumergirse en la vida acuática de Mashpi: caminando por los ríos, los caminos que unen a las cascadas.

Toma el sendero Magnolia colina abajo, parando para apreciar la vista de la selva desde lo alto. Luego bajas, bajas, pasando la cascada Magnolia. Finalmente el sendero se acaba y la única manera de continuar es por el agua.

Mientras empiezas a navegar por las corrientes, las sensación de aventura se intensifica. Los árboles encima como centinelas y mariposas morfo color azul eléctrico bailan a través de la calma. No puedes decidir en cual película te encuentras: Jurassic Park, Avatar o aquella película de guerra que cruzan la montaña para escapar del enemigo…

Después de caminar diez minutos río abajo eres un experto en el arte, caminando suavemente sin levantar mucho los pies para que permanezcan secos. Tú, tu grupo y tu guía se convierten en un equipo: se ofrecen manos para ayudar a cruzar las piedras resbalosas y para ayudar a los compañeros mientras vacían sus botas con agua.

En este camino ni siquiera el guía va a saber con lo que te puedes encontrar, talvez un derrumbe haya creado una nueva cascada, o un tronco caído haya creado un obstáculo que sobrepasar.

Este es el poder del agua: la impredecible fuerza de la vida que nos deja boquiabiertos con asombro. Y en Mashpi, es el poder más grande que hay.

Leave Comment

Scroll Up